Conducta Infantil

 

MANEJO DE CONDUCTAS EN EL AULA

 
El manejo de la conducta en el aula de clases es un tema que interesa y preocupa a todos los que nos dedicamos a la docencia. En todo salón de clases existen niños o niñas que causan disturbios o que son difíciles de manejar y no por ello se debe sacar a estos niños causantes de disturbios fuera de la clase o cambiarlos a otros grupos, ya que con esto se le trasladaría el problema a otro docente. Un procedimiento de este tipo permitirá que se agraven los problemas y no ayudará al niño o niña a superarlas, aún así se debe intentar brindar ayuda o solicitarla a otros maestros especialistas en dichos problemas, al servicio de psicología, psicopedagogía, orientación o trabajo social según sea el caso.
No hay niños problemas, sino niños con problemas, por lo que hay que orientarnos a procurar su pronta recuperación y reinserción en las clases.
Es preciso que los maestros estén en condición de valorar, de acuerdo a su formación profesional y en forma general la gravedad de la conducta de los niños con quienes se trabaja. Cuando exista sospecha de un problema latente debe ser comunicado al psicólogo / psicopedagogo de la institución y evitar problemas a futuro.
Se pueden considerar como problemas de conducta en el aula a aquellos comportamientos del niño que interfieren en la consecución de metas académicas, perturbando la adquisición y desarrollo de habilidades escolares básicas del propio niño y en ocasiones de sus compañeros.
Hay dos grandes grupos de problemas de conducta:
Problemas por “exceso”, que vendrían a ser aquellos comportamientos que por su sola presencia, su alta frecuencia o intensidad causan algún disturbio, son los que más se observan y llaman la atención. Dentro de este tipo de problemas tenemos: la hiperactividad, la agresión, los comportamientos disruptivos como llamar la atención, la desobediencia, la discriminación, el ausentismo escolar, fraude, copias entre otros. También aquí se consideran conductas de ansiedad, fobias y consumo de drogas.
Problemas por “déficit” o defecto que vendrían a ser aquellos comportamientos que por su ausencia y/o baja frecuencia o intensidad causan algún disturbio, en muchas ocasiones pasan desapercibidos porque son alumnos que “hacen poco ruido” y no molestan tanto. Dentro de este tipo de problemas tenemos: retraimiento social, mutismo o dificultad para comunicar, falta de motivación, la apatía y depresión.
Orientaciones generales para el manejo de las conductas problemáticas de los alumnos en el aula.
La primera consideración es centrarnos en sus problemas de conducta, no en su persona, y en conseguir mejorar su actitud dentro y fuera del aula. Para ello es importante y necesaria la colaboración entre la escuela y la familia a fin de conseguir resultados rápidos y positivos.
 
Aspectos a tener en cuenta:
 
1.- Recordar en todo momento que los alumnos imitan el comportamiento de los adultos, por lo que para conseguir un comportamiento adecuado, nosotros debemos ser un ejemplo para él.
2.- Concretar el comportamiento: resumir lo que el alumno debería de hacer preferentemente en términos positivos: “Céntrate en tu trabajo, acaba tus deberes y permanece en tu sitio”. Dando estas instrucciones con voz firme y sosegada, poniendo un “punto final” al concluir la frase.
3.- Enseñar soluciones alternativas a los conflictos: trabajar distintos tipos de pensamiento (ponerse en el lugar del otro, consecuencias y causas de una conducta,…), manteniendo charlas individuales con el alumno, conversando tranquilamente y sobretodo tratando de establecer una relación cordial sin intimidación (hora de tutoría, plan de acción tutorial).
4.- Elogiar por sus avances de manera concreta, adecuada e inmediata. Esto aumentará la probabilidad de que esta conducta se interiorice y generalice.
5.- En caso de dar consecuencias / castigos a las conductas se deberá tener en cuenta que:
Los castigos / consecuencias a que nos referimos aquí se tratan de las pérdidas de refuerzos, como la pérdida del recreo, de gratificaciones, de actividades preferidas….
Si se usa el castigo demasiado a menudo, el alumno se habitúa y este deja de ser eficaz.
* La consecuencia debe darse tan pronto como sea posible después de la mala conducta.
* No hay que amenazar con castigarlo y luego no seguir adelante, pues la próxima vez no nos tomará en serio.
* La falta de consistencia y las amenazas vanas conducen / refuerzan la mala conducta y se convierten finalmente en una dificultad mayor y en una resistencia al cambio.
6.- Entre los reforzadores que podemos utilizar están los sociales (elogios, reconocimientos, palmear un hombro, dar una pequeño abrazo o un cariño en la cabeza,,…); los materiales (juguetes, calcomanías, golosinas…); las actividades (más tiempo para entregar un trabajo, para hacer deporte o regresar del recreo). El refuerzo puede emplearse con el resto de la clase, para afianzar conductas y actitudes que se estén trabajando con el alumno.
7.- Tener en cuenta que el prestar atención a un alumno/a puede convertirse en un fuerte reforzador. Debemos tener cuidado en el uso involuntario de algunos reforzadores, como las reprimendas.
8.- Un modo eficaz de eliminar comportamientos específicos (malas miradas, hablar sin permiso,…) es simplemente ignorarlos. Ignorar el comportamiento consiste en no hacer mínimo caso a conductas que desagradan y al mismo tiempo prestar atención y hacer comentarios de las conductas positivas que agradan, sobre todo en compañeros cercanos al transgresor. Por ejemplo, si el chico habla sin permiso en una clase, se le ignora totalmente y nos dirigimos a alguien cercano a él diciéndole: “me gusta, Gonzalo, que estés en silencio cuando Ángel nos explica sus ideas,…”
9.-Tener en cuenta la importancia de un ambiente relajado y tranquilo, ya que los entornos tensos, alborotados y desestructurados aumentan la tensión del alumno. Reflexionar sobre qué podemos hacer para tener un entorno de aula tranquilo y relajado.
Estas orientaciones son para tener en cuenta tanto en el centro escolar como en el ambiente familiar. Es importante la coordinación y el diálogo entre ambos para que se alcancen rápidamente los objetivos trazados y mejore la convivencia entre alumno – profesor – familia.
 
Juana Pacheco
Licenciada en Psicología Clínica. Especialidad en Técnicas Cognitivo Conductuales.
 

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